Para llevar a cabo su proyecto apostólico, Don Bosco involucró también a los laicos, unidos en una asociación: la "Sociedad o Unión de Cooperadores Salesianos". En abril de 1876 fue a Roma para pedir a Pío IX favores espirituales para sus Cooperadores y le presentó su proyecto "Cooperadores Salesianos”. En mayo de 1876, con la benevolencia del Papa, Don Bosco procuró la forma jurídica a la Asociación.
El Salesiano Cooperador realiza su apostolado en sus compromisos cotidianos. Quiere seguir a Jesucristo, el Hombre perfecto, enviado por el Padre al mundo. Por eso tiende a poner en práctica, en las condiciones ordinarias de la vida, el ideal evangélico del amor a Dios y al prójimo. Lo hace animado por el espíritu salesiano y llevando en todas partes una atención especial a los jóvenes más necesitados.
La Asociación tiene una estructura flexible y funcional, basada en tres niveles de gobierno: local, provincial y mundial.
Esta organización asegura la eficacia de su acción en el territorio y su apertura a la universalidad de la comunión y la misión.

